-La Directora Ejecutiva de ACERA, Ana Lía Rojas, participó en el programa internacional IKI JET impulsado por GIZ, instancia que reunió a delegaciones de nueve países para analizar los desafíos de la transición energética más allá del cambio en la matriz.

La Asociación Chilena de Energías Renovables y Almacenamiento, ACERA, participó en Alemania en el programa internacional IKI JET Capacity Building Programme 2026, organizado por la cooperación alemana GIZ, que convocó a representantes de nueve países para analizar experiencias reales de transición energética en regiones históricamente vinculadas al carbón.

La agenda se desarrolló en la región de Renania, uno de los principales polos de lignito de Europa, donde se analizaron experiencias de reconversión territorial, reutilización de infraestructura energética, innovación y desarrollo de nuevas actividades productivas en el contexto de la transición energética.
La escala del caso alemán da cuenta de la magnitud del desafío. La región concentra cerca de 2,5 millones de habitantes, alrededor de 10.000 empleos directos en minería y generación eléctrica y más de 90.000 empleos en industrias intensivas en energía, representando aproximadamente un 9,5% del PIB alemán.

Electrificación como eje de la transición

En este contexto, la Directora Ejecutiva de ACERA, Ana Lía Rojas, realizó la presentación central de Chile bajo el enfoque de electrificación profunda, posicionando una tesis clave para la siguiente etapa de la transición energética.
“Chile ha avanzado de manera significativa en generación renovable. En 2025, el país alcanza un 66,5% de electricidad proveniente de fuentes renovables, con 42,1% de ERNC y 23,4% de hidroelectricidad. El desafío ahora es acelerar la electrificación del consumo final para capturar ese potencial en productividad, seguridad energética y reducción de emisiones”, señaló.
Actualmente, cerca del 64% del consumo energético en Chile sigue siendo fósil y altamente dependiente de importaciones, lo que limita el impacto de la transición energética y refuerza la necesidad de avanzar en electrificación en sectores como transporte, minería, calor industrial, climatización y nuevos usos eléctricos.

Sistema eléctrico y nuevos atributos

Uno de los principales aprendizajes del intercambio internacional es que la transformación del sistema energético exige reemplazar atributos fundamentales para su operación.
En la medida en que disminuye la generación convencional, el sistema debe asegurar estabilidad, inercia y capacidad de respuesta mediante nuevas soluciones, donde el almacenamiento energético, la flexibilidad operativa y el desarrollo de mercados de servicios complementarios cumplen un rol central.
Estas condiciones son necesarias para sostener una matriz con alta penetración de energías renovables y avanzar hacia un sistema más eficiente y resiliente.

Transición territorial y desarrollo económico

La experiencia alemana evidencia que la transición energética no es solo un proceso tecnológico, sino una transformación estructural que involucra desarrollo territorial, política industrial y coordinación institucional.
En el caso de Renania, este proceso se apoya en una arquitectura de gobernanza multinivel y en un marco de financiamiento de gran escala, orientado a reconversión productiva, innovación y generación de nuevas oportunidades económicas.
Este enfoque refuerza una señal clave para Chile respecto a la salida del carbón, la cual debe ir acompañada de desarrollo territorial real, con estrategias que permitan reconvertir economías locales y generar nuevas fuentes de empleo.

Una transición con mirada sistémica

La participación de ACERA en esta instancia permitió conectar la experiencia chilena con aprendizajes internacionales y reforzar una visión estratégica de la transición energética.
El desafío ya no es únicamente avanzar en generación renovable. La siguiente etapa exige integrar electrificación, almacenamiento, infraestructura, mercado y desarrollo territorial en una mirada común.
En ese contexto, ACERA releva la importancia de avanzar hacia una transición energética con enfoque sistémico, donde la descarbonización se complemente con electrificación, infraestructura habilitante y seguridad del sistema, como condiciones clave para sostener el desarrollo energético del país en el largo plazo.

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