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03/2016

Energía 2050: Nueva Política Enérgetica de Chile

Columna de Máximo Pacheco, Ministro de Energía.

Una sociedad que renuncia al futuro energético se expone a múltiples trastornos. De partida, se queda sin conciencia del devenir de las próximas generaciones y asume tácitamente que algunas fuerzas con interés propio moverán el tablero para su conveniencia y que de rebote habrá energía en nuestras vidas.

Eso estaba ocurriendo en Chile. Como sabíamos que el futuro energético está latente, oculto en el pasado y el presente, nos comprometimos en la Agenda de Energía a entreverlo e imaginarlo en sus posibilidades reales.

El proceso de Energía 2050 promovió un diálogo inédito en Chile, con el fin no solo de despertar la conciencia colectiva del futuro energético, sino también de disipar los prejuicios y las fantasías mediante una investigación seria y objetiva del pasado y la comprensión del presente.

Energía 2050 ha sido una forma emprendedora de responder a una urgencia de vital importancia para Chile, pero también de explorarla y descubrir en ella algunas capacidades aún no desarrolladas en este campo. Una sociedad activa no solo obra por efecto de la realidad, sino que activa la realidad misma, la pone en marcha de un modo que sin él nunca hubiera llegado a ocurrir. Nos tomó más de un año y medio elaborar esta política energética de largo plazo, con validación social y técnica. Hicimos más de 130 talleres regionales, con una participación superior a las 4 mil personas. Formamos un comité consultivo de 27 personas de diversa formación y origen, quienes con generosidad trabajaron arduamente en la preparación de la hoja de ruta que sirvió como insumo para el desarrollo de esta política energética.

La sagacidad y el entusiasmo que marcaron estos debates, así como también la etapa de consulta ciudadana, nos han demostrado una vez más cuánto sirve la democracia para dejar de concebir la historia como un acontecer natural.

Energía 2050 está abriendo el espacio de lo posible a través de un diálogo sin reservas. Es un faro que nos entrega una referencia clara para planear y actuar. También nos transporta hacia horizontes más amplios y alimenta metas sanas para el país, como la participación de un 70% de las fuentes renovables en la generación eléctrica, el desacople del consumo energético producto de la eficiencia energética, la reducción de la emisiones de gases de efecto invernadero y reducir los precios de la energía al nivel de los países desarrollados, entre otras. Este proceso ha desvanecido las opiniones particulares en favor de una convicción fundada y colectiva en materia energética, con un enfoque descentralizado y con metas para las distintas regiones del país, todo esto sometido, por primera vez, a los lineamientos de la evaluación ambiental estratégica.

La energía, cuando se orienta hacia el bien común, constituye un motor fundamental para construir junto un futuro mejor para las nuevas generaciones.

Fuente: El Mercurio

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